En la pantalla, la mujer levantó el rostro hacia una cámara cuya existencia desconocía.
Era Doña Teresa.
Julián apareció de nuevo.
“Hice revisar mi auto porque encontré líquido debajo del pedal del freno. Al principio, pensé que era un problema mecánico. Luego descubrí que alguien había manipulado el sistema. Esa noche, instalé cámaras adicionales.”
El suelo pareció desaparecer bajo mis pies.
Mi esposo no había muerto en un accidente.
En la grabación, Julián tragó saliva con dificultad.
“Si muero, no será por culpa de la carretera. Será porque alguien decidió que mi vida valía menos que una herencia.”
Doña Teresa gritó.
“¡Apaguen eso!”
Pero Arturo levantó la mano y habló con verdadera severidad.
“Aún queda una última parte.”
La pantalla se iluminó de nuevo y Julián pronunció la frase que hizo que incluso el sacerdote bajara la mirada.
“Y ahora todos escucharán la llamada donde mi propia madre ordenó mi muerte.”
PARTE 3
El audio comenzó con un leve sonido metálico, como el de un teléfono al ser colocado sobre una mesa.
Entonces la voz de Doña Teresa llenó la iglesia.
Tiene que parecer un accidente. Sin errores. Mi hijo cambió su testamento, y esa mujer no puede quedarse con lo que nos pertenece.
Toda la iglesia se quedó paralizada.
Entonces, una voz masculina respondió:
—Si lo hacemos en la calle, nadie se fijará demasiado. Pero costará más.
Doña Teresa respondió sin dudarlo:
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