También hay que hablar del azúcar, un protagonista silencioso del cambio corporal. En los 70, el azúcar estaba presente, sí, pero no en todo. Hoy aparece en productos que ni siquiera consideramos dulces: salsas, panes, embutidos, yogures, cereales “saludables”. Ese consumo constante altera el apetito, dispara los antojos y favorece el aumento de peso sin que lo notemos.
Las bebidas son otro punto crucial. Antes se bebía más agua. El refresco era un gusto, no la bebida principal del día. Hoy, muchas personas consumen calorías líquidas a diario sin contarlas: refrescos, jugos industriales, bebidas energéticas, cafés cargados de azúcar y cremas. Todo eso suma, y mucho.
En los años 70, la tecnología no competía por nuestra atención como lo hace ahora. No existían redes sociales, ni plataformas de streaming, ni videojuegos tan absorbentes. El aburrimiento llevaba a moverse, a salir, a hacer algo. Hoy, el entretenimiento está a un clic, y casi siempre es sedentario. El cuerpo se mueve menos porque no lo necesita para divertirse.
El sueño también juega un papel importante. Antes se dormía más y mejor. Las rutinas eran más estables, no había pantallas iluminando la cara hasta la madrugada, ni notificaciones sonando a cualquier hora. Dormir mal afecta las hormonas que regulan el hambre y la saciedad, y eso influye directamente en el peso corporal.
Otro aspecto que suele pasarse por alto es la presión social. En los 70 no existía la normalización del sobrepeso como hoy. Sin caer en extremos ni juicios, lo cierto es que el aumento de peso no era tan común, y cuando ocurría, se percibía como algo a corregir. Hoy, al ser tan frecuente, muchas veces se asume como inevitable, como si fuera parte natural de la vida moderna.
La comida rápida, tal como la conocemos hoy, estaba en pañales. Ir a un restaurante de comida rápida era un evento ocasional, no una rutina semanal o diaria. Cocinar en casa era lo habitual, no la excepción. Y cocinar en casa, casi siempre, implica comer mejor, aunque no se piense en términos de “dieta”.
Incluso el estrés tenía otra forma. La vida no era más fácil, pero el estrés era distinto. No había la sobrecarga constante de información, noticias negativas las 24 horas, comparaciones sociales permanentes. El estrés crónico actual empuja a muchas personas a comer más, peor y sin control.
Algo curioso es que en los 70 nadie hablaba de calorías, macros o dietas milagro, y aun así la mayoría se mantenía en un peso saludable. Eso demuestra que el cuerpo, cuando vive en un entorno más natural, tiende al equilibrio sin necesidad de tanto control mental.