Pasé la noche con un chico 30 años menor que yo, y a la mañana siguiente, cuando me desperté en mi habitación de hotel, descubrí algo terrible.

Jamás pensé que algo así me pudiera pasar a los sesenta y dos años.
Ese año, mi vida fue tranquila y monótona.
Mi esposo había fallecido hacía mucho tiempo, mis hijos ya eran adultos, cada uno con su propia familia y sus propias preocupaciones.
Vivía sola en una casita a las afueras de la ciudad. Los días transcurrían tranquilamente: después de comer, me sentaba junto a la ventana, escuchando a los pájaros y viendo cómo el sol se ponía lentamente sobre la calle vacía.
Desde fuera, todo parecía tranquilo, pero por dentro, hacía tiempo que se había instalado una soledad en la que intentaba no pensar.
Ese día era mi cumpleaños.
Nadie llamó, nadie se acordó. Y entonces, de repente, decidí hacer algo inusual, casi temerario. Después de comer, tomé el autobús y fui al centro, así sin más, sin ningún plan.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬

