Un amor que parecía destinado a ser
Durante años, Sharon había relegado el amor a un segundo plano.
Tras la pérdida de su hermana y después de dedicarse por completo a la crianza de sus hijos, el romance nunca había sido su prioridad. Su vida giraba en torno a la estabilidad, la sanación y la creación de un mundo seguro para la pequeña familia que tanto se había esforzado por proteger.
Entonces Oliver llegó a su vida.
Al principio, parecía la persona ideal. No intentó cambiar la ajetreada rutina de Sharon; se integró de forma natural. Ayudaba a los niños con sus tareas, preparaba la cena en las largas noches y llenaba la casa de risas que Sharon no había escuchado en años.
Desde el principio, Sharon fue sincera con él sobre su vida: ser madre siempre fue lo primero. A Oliver nunca pareció importarle.
De hecho, parecía aceptarlo con entusiasmo.
Poco a poco, Sharon se permitió creer que tal vez, solo tal vez, la vida le estaba dando otra oportunidad para ser feliz.
Cuando Oliver le propuso matrimonio, ella dijo que sí.
Comenzaron a planear una boda pequeña e íntima, rodeados de amigos y familiares que habían apoyado a Sharon durante algunos de los momentos más difíciles de su vida. Para todos los presentes, parecía el comienzo de una nueva y hermosa historia.
Pero a veces la verdad se revela en el momento más inesperado.
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