—Y también voy a pedirle al gerente que revise el comportamiento de los organizadores del evento.
Daniela soltó una risa.
—¿Al gerente? ¿Tú?
En ese momento apareció don Emilio, el director general del hotel. Había trabajado con mi abuelo antes de trabajar conmigo. Se acercó con respeto.
—Señora Valeria, ¿todo está bien?
El silencio cayó como una copa rota.
Daniela parpadeó.
—¿Señora…?
Don Emilio me miró.
—¿Desea que intervengamos?
Yo respiré hondo.
—Todavía no. Primero quiero hablar con mi hermano.
Daniela palideció.
—¿Qué está pasando?
La miré directamente.
—Está pasando que la apestosa chica de campo es la dueña del hotel donde estás celebrando tu compromiso.
Por primera vez en toda la noche, Daniela no supo qué decir.
Cuando entré de nuevo al salón, Andrés notó mi expresión y se acercó.
—Vale, ¿qué pasó?
Lo miré con tristeza.
—Tenemos que hablar.
Daniela intentó interrumpir.
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