Ella me miró de arriba abajo. Su sonrisa se mantuvo, pero sus ojos cambiaron.
—Ah… tú eres la hermana de Andrés.
—Sí. Soy Valeria.
—Claro —dijo, tomando mi mano apenas con la punta de los dedos—. La del pueblo.
Algunas de sus amigas rieron bajito.
Yo sonreí con calma.
—Sí. La del pueblo.
Daniela se inclinó un poco, como si quisiera decir algo íntimo, pero lo dijo lo bastante alto para que todos oyeran.
—Debiste avisar que venías así. Este evento es formal.
Miré mi vestido. Era sencillo, azul oscuro, limpio, elegante a mi manera.
—Pensé que estaba bien.
Ella arrugó apenas la nariz.
—Bueno… para tu ambiente quizá sí.
Sentí el primer golpe, pero no respondí.
No había ido a pelear.
Había ido por mi hermano.
Pero la noche apenas comenzaba.
Durante la cena, me sentaron lejos de la mesa principal. No me molestó. Observé. Siempre he sido buena observando. Vi cómo Daniela corregía a los meseros con desprecio, cómo fingía cariño con mi madre, cómo tomaba la mano de Andrés solo cuando había cámaras cerca.
Y vi a mi hermano.
Callado.
Incómodo.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬