-¿No?
-No. Porque si volviera atrás, tal vez seguiría esperando que tú me eligieras. Y ahora sé que yo debía elegirme primero.
No dijo más. Tomó la mano de Julián, llamó a los niños y salió de la cafetería.
Afuera, la tarde mexicana olía a jacarandas, pan recién hecho y lluvia por venir. Clara pidió ver las estrellas. Tomás gritó que quería tacos. Julián se rió y preguntó cuál de los dos aviones ganaba.
Mariana miró al cielo, todavía claro, todavía sin estrellas.
—Primeros tacos —dijo—. Luego buscamos el cielo.
Y mientras caminaba con su familia, entendió que su final no había sido el divorcio, ni la traición, ni aquel hospital donde Diego la vio brillar desde lejos.
Su verdadero final fue dejar de esperar que alguien le devolviera lo que le quitó.
Su verdadero comienzo fue descubrir que ella nunca estuvo rota.