¿La única forma de qué?
Bajó la mirada.
—De empezar de nuevo.
El golpe final
No había accidente.
No hubo tragedia.
Hubo una mentira.
Un plan.
Un funeral.
Y yo…
llorando frente a un ataúd vacío.
Epílogo
Ese día entendí algo que nadie te prepara para aceptar:
No todas las pérdidas vienen de la muerte.
Algunas…
vienen de la traición.
Y duelen mucho más.
Porque mientras llorabas su ausencia…
él ya estaba viviendo otra vida.
Sin ti.
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