La niña empujó la bicicleta hacia él con ambas manos.
—Por favor —dijo en voz baja—. Mamá no ha comido en días. No puedo vender las cosas de la casa, así que voy a vender mi bicicleta.
Rocco sintió una opresión en el pecho.
Los niños solían evitarlo.
Los adultos le temían.
Pero la desesperación había llevado a aquella niña a acercarse a un hombre como él sin dudarlo.
—¿Cuánto tiempo hace que no come? —preguntó.
La chica dudó antes de responder.
“Desde que llegaron los hombres.”
Los ojos de Rocco se entrecerraron.
“¿Qué hombres?”
Los hombres que lo tomaron todo
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