Las palabras repetidas que me inquietaban
Dos días después.
Luego tres.
Luego, una semana entera.
Cada mañana Emily decía algo parecido:
“Mamá, no dormí bien.”
“Mi cama me parecía demasiado pequeña.”
“Sentí como si me estuvieran empujando hacia un lado.”
Una mañana me hizo una pregunta que me heló la sangre:

“Mamá… ¿entraste a mi habitación anoche?”
Me agaché y la miré a los ojos.
“No. ¿Por qué?”
Emily dudó.
“Porque… sentía como si alguien estuviera acostado a mi lado.”
Forcé una risa y mantuve la voz tranquila.
“Debes haber estado soñando. Mamá durmió con papá toda la noche.”
Pero a partir de ese momento, dejé de dormir plácidamente.
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