Decidimos:
— Cerrar suavemente la puerta del dormitorio de Emily por la noche
— Instalar sensores de movimiento en toda la casa
— Y lo más importante: ¡nunca más dejaré que mi suegra duerma sola!
La trasladamos a una habitación más cercana a la nuestra.
Todas las noches me sentaba con ella. Hablaba con ella. Escuchaba sus recuerdos. La ayudaba a sentirse segura.
Porque a veces, las personas mayores no necesitan medicación.
Necesitan saber que todavía tienen una familia.
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