La verdadera venganza:
Simone no ganó porque Derrick perdió.
Ganó porque se negó a rendirse.
Porque eligió la dignidad por encima del drama.
La estrategia por encima de los gritos.
El éxito por encima de la amargura.
Ella amasó una fortuna.
Ella construyó un sistema de seguridad.
Ella reconstruyó el amor, pero esta vez con límites.
La aventura amorosa casi la había destrozado.
En cambio, reveló su fortaleza.
En la víspera de Año Nuevo, los fuegos artificiales estallaron en el cielo mientras Isaías la besaba a medianoche.
“Este año contigo ha sido el mejor de mi vida”, dijo.
“Yo también.”
Ya no estaba enfadada.
Ni siquiera resultó herida.
Ella estaba agradecida.
Porque la traición la había obligado a enfrentarse a quién era y a quién se negaba a ser.
Ella aprendió:
Ella no necesitaba un hombre para sentirse completa.
Establecer límites no es crueldad.
El éxito resuena más que la venganza.
La paz es más poderosa que la venganza.
Derrick intentó doblegarla.
En cambio, la dejó en libertad.
Y esa fue la victoria más dulce de todas.