
Ese es el Michael Jackson que vive en su memoria.
Uno que la abrazaba.

Uno que la cuidaba.
Uno que la amaba.

Con el paso del tiempo, Paris ha encontrado fuerza en su propia voz. Ya no es la niña protegida del pasado. Es una mujer que ha enfrentado el dolor, que ha sobrevivido a la presión y que ha aprendido a contar su propia historia.
Y al hacerlo, ha permitido que el mundo vea un lado diferente de Michael Jackson. No el ícono. No la leyenda. Sino el ser humano.