El protagonista de esta historia es Nicolas Puech, un empresario francés que ha dedicado la mayor parte de su vida al mundo de los negocios y que ha logrado acumular una de las mayores fortunas de Europa. Puech forma parte de la quinta generación de la familia propietaria de Hermès, la reconocida casa de moda de lujo que es sinónimo de exclusividad y estilo en cada rincón del planeta. Aunque renunció a la dirección activa de la compañía en 2014, todavía conserva un porcentaje importante de acciones —alrededor del 5% de la totalidad— lo que lo mantiene entre los accionistas más ricos y poderosos.
Desde joven, Nicolas fue un hombre que vivió con dedicación plena a su carrera. Mientras otros soñaban con formar una familia o tener hijos, él prefirió enfocarse en construir su imperio. Pero el tiempo pasa para todos, y al llegar a los 80 años, se encontró en una situación que muchos que han dedicado su vida al trabajo conocen: una sensación de soledad, acompañada de la necesidad de pensar qué pasará con ese enorme legado que dejó años de esfuerzo.
Aquí es donde viene la parte que ha generado más comentarios y debate: al carecer de descendientes directos, Puech decidió que no quiere que su dinero se vaya a organizaciones benéficas ni que quede atrapado en algún fideicomiso tradicional. En su lugar, inició un proceso legal para adoptar formalmente a un hombre que fue, en otro tiempo, su jardinero. La idea, contada por diferentes medios, es que este exjardinero pueda convertirse en su heredero legal y así recibir —o al menos gestionar— una parte considerable de esa fortuna.
Ahora bien, antes de que te imagines una historia tipo novela romántica donde el empleado humilde se vuelve repentinamente rey de la riqueza, hay varios matices que la historia trae consigo. En primer lugar, el hombre al que Puech desea adoptar no es un desconocido total: compartieron tiempo, confianza y una relación que, por lo menos en palabras del millonario, ha sido significativa. Y aunque la idea de adoptar a un adulto puede sonar excéntrica —y más aún cuando hay miles de millones de por medio— legalmente no es imposible. Lo que sí ha ocurrido es que el movimiento ha encontrado resistencia de algunos sectores.