Es lo que sobrevivió con nosotros.
¿Qué había allí durante las noches difíciles?
Quienes presenciaron nuestros milagros.
Mi vestido verde era viejo, sí.
Pero esa noche dejó de ser un vestido viejo.
Delante de todos, se convirtió en lo que siempre había sido:
Prueba viviente de que una madre puede coser dignidad con sus propias manos… y de que, cuando el verdadero amor la reconoce, incluso el salón más elegante acaba llorando a sus pies.