Clara colocó otro documento sobre la mesa. “Lena también está solicitando protección legal. Usted deberá abandonar esta propiedad de inmediato”.
Marjorie miró alrededor de la casa, como si se diera cuenta de que ya no era suya.
“No puedes hacer esto.”
Di un paso al frente y le coloqué el reloj de Daniel en la muñeca a Eli.
—Sí —dije en voz baja—. Puedo.
Tres meses después, la casa se sentía diferente.
No más tensión. No más silencio lleno de miedo.
Solo luz del sol, risas y una paz tranquila.
Grant perdió todo lo que había construido sobre mentiras. Marjorie se marchó, y su influencia desapareció.
Algunas noches, Eli seguía abrazándome un poco más fuerte, pero ahora sonreía más.
Una tarde, plantamos un árbol en el patio trasero.
—¿Para papá? —preguntó.
—Por papá —dije—. Y por nosotros.
Presionó la tierra suavemente.
“¿Estamos a salvo ahora?”
Lo miré a él, miré la casa que Daniel nos dejó, miré el futuro que estábamos reconstruyendo.
“Sí”, dije.
Y esta vez, lo decía en serio.