—Valeria, te lo ruego —dijo él, con la voz quebrada—. Fui 1 imbécil. Pagué muy caro mi error. Mi vida es 1 desastre desde que te fuiste. Me di cuenta de que perdí al gran amor de mi vida. Dame 1 oportunidad, por favor.
Valeria dejó el catálogo sobre la mesa. Lo miró de arriba abajo. Ya no había rencor en sus ojos, ni tristeza, ni siquiera lástima. Solo había la indiferencia absoluta que se le tiene a 1 extraño en la calle.
—Te equivocas, Sebastián —respondió Valeria con 1 calma gélida—. Tú no perdiste al amor de tu vida. Tú perdiste a la única mujer que tuvo el valor de amarte de verdad. Y tu arrepentimiento no te da ningún derecho a volver a mi historia. La salida está a 10 pasos detrás de ti.
Sebastián intentó tocarle la mano, pero ella lo evadió. Derrotado y humillado frente a los 3 empleados y 5 clientes de la tienda, dio media vuelta y salió arrastrando los pies hacia la calle. Valeria volvió a sus catálogos con una sonrisa ligera en el rostro.
Hoy en día, Valeria escribe su historia desde la terraza de su inmensa casa en Querétaro. Tiene 35 años, 1 negocio imperio y una paz inquebrantable. A su lado, Daniel juega con el pequeño hijo de 2 años que tienen juntos, mientras el sol se oculta sobre las montañas mexicanas.
El final feliz de Valeria no llegó cuando conoció a un hombre fiel. Su verdadero triunfo comenzó aquella fatídica madrugada en la que descubrió que le podían arrancar el corazón, engañarla y humillarla frente a 2 familias, y aun así, ella era capaz de levantarse de las cenizas. Porque existen traiciones despiadadas que tienen el poder de destruir vidas, pero también existen mujeres que, recogiendo esos 1000 pedazos rotos, logran construir un imperio y una felicidad que ningún traidor podrá alcanzar jamás.