—El divorcio puede ser devastador para muchos —añadió—. Pero para ti resultó ser un impulso de fortaleza.
Una mañana recibí un mensaje de número desconocido.
Rodrigo:
Estoy asistiendo a terapia.
Gracias por lo que fuiste. Lamento todo. Ojalá la vida te trate mejor de lo que lo hice.
Lo reflexioné un momento y respondí:
Lorena:
Ojalá la vida también sea más amable contigo.
No era un perdón absoluto.
Pero sí un cierre.
Me vi reflejada en la ventana del café: fuerte, libre, completa.
A veces necesitamos que alguien nos subestime…
…para recordar de qué materiales estamos hechos.