Ethan rompió a llorar, no de tristeza, sino de alivio. “¡Te lo dije! ¡Te lo dije!”
Brooks tomó su radio. “Despacho. Emita una alerta para Mark Reynolds. Posible fraude y secuestro”.
La policía rodeó la casa de Mark en cuestión de horas.
Se había ido.
Cajones vacíos. Armarios desmantelados. Sobre el mostrador había un recibo bancario.
$220,000.
Pago del seguro de vida.
Trasladado la mañana siguiente al funeral.
La búsqueda se intensificó rápidamente: se notificó a los aeropuertos y se activó la vigilancia en las carreteras.
Esa misma noche, los agentes localizaron el todoterreno de Mark en un motel de carretera situado a dos estados de distancia.
Dentro de la habitación, encontraron a Laura Mitchell.
Vivo.
Desorientado. Drogado.
Mark había simulado el accidente, utilizando un vehículo robado y un cadáver sacado de la morgue para fingir su muerte. Había convencido a Laura de que estaban en peligro, la mantuvo sedada y planeaba desaparecer con el dinero del seguro.
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