—Ya no existen en mi vida.
Entonces ella avanzó.
En el altar, Ethan la esperaba, orgulloso y emocionado.
La boda continuó.
La recepción rebosaba de alegría genuina. Risas. Música. Celebración.
Su familia se quedó sola, ignorada. Se marcharon temprano, por la puerta de atrás.
Tres años después, Madison y Ethan viven en Dallas, construyendo una vida llena de respeto y amor. Cortaron todo contacto con su familia.
Su uniforme aún cuelga con cuidado, símbolo de quién es en realidad.
Pensaron que destruir sus vestidos la destruiría.
En cambio, la obligaron a entrar en esa iglesia tal como debía ser.
Fuerte. Inquebrantable.
E inolvidable.