…Un escalofrío frío recorrió la espalda del oficial.
—¿Cómo te llamas, hijo? —preguntó en voz baja.
“Ethan.”
“Soy el oficial Daniel Brooks.”
Ethan asintió levemente, pero sus ojos permanecieron fijos en el montón de tierra recién removida.
—Ella no está ahí dentro —dijo de nuevo, con voz más firme—. Lo sé.
Brooks se rebajó al nivel de Ethan. “¿Por qué crees eso?”
Ethan tragó saliva. “Porque ella me llamó”.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire entre ellos.
Brooks mantuvo una expresión neutral. El dolor puede hacer que los niños imaginen cosas.
“¿Cuándo llamó?”
Dos noches después del funeral. Era un número privado. Contesté porque pensé que era papá.
Brooks sintió un ligero malestar. “¿Qué dijo?”
A Ethan le tembló el labio. «Dijo: “Soy mamá. No confíes en nadie. Te quiero”. Y entonces se cortó la comunicación».
El pulso del agente se aceleró. “¿Se lo contaste a tu padre?”
Ethan negó con la cabeza. “Él no es mi verdadero padre. Se casó con mamá hace tres años”.
Ese detalle tuvo mucha importancia.
“¿Dónde está ahora?”
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